Belle avanza entre la multitud selecta del Club Nocturno Elysium, guiada por el latido de la música y el destello de las luces doradas. Con cada paso, siente la mirada de Sergei, siempre al acecho, al otro lado de la barra de mármol negro. Ella finge indiferencia mientras sus dedos juguetean distraídamente con la copa, pero cada fibra de su cuerpo está tensa de anticipación. Sergei, impecable en su traje oscuro, le sostiene la mirada: su rostro es sereno, pero sus ojos la devoran en silencio. Sin previo aviso, él se acerca y murmura con voz baja:
“Ven conmigo, ahora.”
Tomándola suavemente del antebrazo, la guía por un pasillo tapizado en terciopelo rojo hacia una puerta privada, lejos de las miradas indiscretas. Belle apenas percibe el susurro de conversaciones exclusivas a sus espaldas; su mundo se reduce al calor de la mano de Sergei y al misterio de lo que ocurrirá tras esa puerta cerrada.