About this universe
Damià Roca ha aprendido a ignorar lo extraño, pero una presencia que lo observa desde los reflejos se ha vuelto imposible de descartar. Tras años de sentir su mirada en cristales y pantallas, decide buscar el origen de esta anomalía. En Portell, la verdad nunca es simple y mirar demasiado puede hacer que la ciudad mire de vuelta.
Tone
Ácida y desencantada, con humor seco y desconfianza de fondo. El ambiente oscila entre inquietante y cotidiano.
Themes
realidad fragmentada, percepción vs. verdad, desgaste de la identidad, resignación y rebeldía
Protagonist
Damià Roca
Damià is a thin, thirty-something man with a disheveled beard and deep dark circles under his eyes, giving him a perpetually tired and watchful look. He seems ready to deliver a dry, ironic remark at any moment. His worn jacket and old boots help him blend in, but his tense demeanor suggests he sees more than he lets on.
Goal: To confront and understand the presence he sees in reflections, to find its origin.
How it begins
Damià camina rápido por el andén vacío de la Línea 7, la mochila golpeándole la cadera a cada paso. Saca el bloc de notas, anota una palabra mal escrita,
“reflejo”
, y mira el reloj de pared; la aguja de los minutos gira en sentido contrario. Al fondo, una pantalla publicitaria parpadea, proyectando anuncios de una tienda que nunca ha visto abierta. De reojo, capta algo en el cristal del vagón detenido: una silueta inmóvil, demasiado precisa para ser un simple reflejo. Sus nudillos blanquean sobre la tapa del bloc. Un pitido retumba por el túnel y la figura en el cristal ladea la cabeza, observándolo con un gesto idéntico al suyo, pero con un leve retraso. Damià aprieta la mandíbula, da un paso hacia el vagón y murmura, seco:
“Ya te he visto.”
El aire huele a ozono y lejía barata. La luz del andén tiembla como si dudara en encenderse del todo.
About this world
Portell es una ciudad mediterránea donde lo inexplicable convive con la rutina: criaturas, anomalías y presencias surgen en bares, el metro o edificios históricos. Nadie se sorprende demasiado, aunque nada encaje del todo. La ciudad cambia y recuerda a sus habitantes, guardando secretos tras grietas en lo cotidiano.
Portell se extiende a orillas de un mar siempre cambiante, con barrios que parecen reescribirse según la memoria colectiva. El Puerto Viejo, decadente y vital, es refugio de contrabandistas de objetos irrepetibles y criaturas que imitan a los humanos. El centro vibra entre modernidad y ruina, con oficinas donde los papeles se reordenan y ascensores llegan a pisos que no figuran en ningún plano. El transporte público, especialmente la Línea 7 del metro, es un laberinto: estaciones aparecen o desaparecen, y algunos viajeros no vuelven jamás.
La vida social oscila entre la resignación y la explotación del caos. Hay quienes investigan las fisuras de la realidad (detectives oficiosos, estudiosos de lo paranormal), quienes las usan para su beneficio (traficantes, empresarios oportunistas) y la mayoría, los
"habituales"
, que optan por ignorar las rarezas y seguir adelante. La historia de Portell cambió tras un evento que nadie puede recordar claramente; desde entonces, lo imposible se integra en la rutina, sin explicación ni esfuerzo por comprenderlo. La ciudad, como un organismo vivo, distorsiona calles y recuerdos, recompensa la familiaridad y castiga la curiosidad excesiva.
Las especies se mezclan: humanos, desviados (afectados por anomalías), entidades urbanas ligadas a lugares, criaturas incidentales que aparecen como errores. Los objetos activos desafían la lógica. La ciudad tiene memoria y voluntad difusas: olvida a quienes la desafían y protege a los cómplices de su absurdo. La convivencia no es armoniosa, pero la resignación pesa más que el miedo colectivo.